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Cómo sobrevivir a “la caló”

Puede que lo que voy a contaros, por causa del calentamiento global,  vaya siendo de necesario conocimiento para los habitantes de distintas latitudes, pero voy a hablaros de lo que yo conozco como calor del sur, un calor que es otro, más bien otra, es decir: “la caló”. Cuando la caló llega,  y ya ha llegado, no hay nada que hacer, más vale rendirse.

Cuando llega la caló, es mejor que conviertas tu casa en una cueva, que bajes las persianas  y andes a oscuras y en bragas por los pasillos, sin saber ni importar la hora hasta que notes un ligero alivio, en ese caso es la noche, puedes abrir las puertas y ventanas, ducharte y vestirte y volver a la vida.

Cuando llega la caló, todos los buenos hábitos que has ido manteniendo durante el año se pierden, no hay quien pasee, no digamos corra o haga cualquier otro tipo de ejercicio, no hay quien respete una dieta saludable, porque cocinar nos produce pereza y sudor innecesario y has de abandonarte al tumbing y a la cañita y su tapa. Por suerte todavía puedes leer, echar siestas, pintarte de colores las uñas de los pies y abandonar todo ansia de producción.  Es un gran antiestress. No vayas a  sentirte culpable, la culpa es de la caló.

Tus niños gritarán: ¡¡PISCINA!! y tú sólo podrás llenarles la bañera,  no aceptarán otro alimento que el helado y se irán a la cama más tarde que tú. Realmente la mejor estrategia que tengo es irme en cuanto puedo al norte, a ponerme una rebequita por las noches y añorar el olor a jazmín, y volver cuando el verano es más amable, la caló se ha ido y ya sólo queda el otro, su versión más correcta: el calor .

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