Latest Posts

Escribir para florecer

Hoy dicen que comienza la primavera aunque el florecer sea una cosa muy particular. También hay quien lo hace en invierno.  Lo importante es el deseo y el trabajo interior que nos llevará a florecer en el momento más adecuado. Hay muchos caminos que nos llevan a florecer, vías a través de las cuales la vida se abre camino. Uno de esos caminos es la escritura, una vía natural  que nos ayuda a descubrirnos, a expresar quienes somos y a poder compartirlo y así contagiar a otr@s. Muchas veces nos negamos a nosotras mismas lo que nos hace florecer en un intento por ser más útiles, por estar en todo, por ir por la vida en automático. Pero pasa factura. Se nos secan las raíces y así es difícil florecer y dar fruto.

Por mi experiencia, somos muchas las mujeres que escribimos como un acto de amor y de libertad personal pero a menudo ocurre que no valoramos lo suficiente este acto o no nos permitimos el tiempo y el espacio necesarios para desarrollarlo por creer que primero debemos atender a todos los asuntos del mundo. Sin embargo, he comprobado que cuanta más atención le damos a nuestra necesidad de escribir, al encuentro con una misma y a la expresión siempre cambiante de lo que somos, más amable se vuelve también el mundo con nosotras.
Se trata de disfrutar del Gozo de Escribir como recomienda Natalie Goldberg en su maravilloso libro del mismo título. Dejemos que todo florezca: la poesía y quien la escribe. Y acordémonos, en esta tierra, de ser amablesdice la autora. No puedo estar más de acuerdo.

Si quieres dedicarte ese espacio sagrado para ir al encuentro de tu semilla apúntate al Curso Escribir para florecer, sólo necesitas un correo electrónico y darte el permiso para hacer lo que amas.

Más info: anaaguilera.periodista@gmail.com

 

Palabra de mujer

Cuántas palabras falsas sobre nosotras desde el principio de los tiempos hasta el día de hoy y cuánto amor en nosotras por las palabras desde el principio de los tiempos hasta el día de hoy. Cuántas palabras hemos tejido desde el comienzo, cuántas hemos escuchado, cuántas hemos compartido, cuántas palabras nos colocan que no nos definen, cuántas nos hemos callado porque no era fácil, cuántas nos decimos en susurros a nosotras mismas, frente al espejo o en la escritura. Cuántas palabras que estaban ocultas han salido por fin volando:  Abundancia, amor, coraje, generosidad, presencia, escucha, rabia, transformación, inteligencia, magia, belleza, trabajo eterno, paciencia, amor, deseo, libertad, excelencia…
Palabras hermanas, palabras que sanan, palabras dulces o duras pero necesarias.
Nuestras palabras forman la realidad día a día, y se convierten en acciones que el mundo estaba esperando. No os las guardéis, compartid las vuestras, son muy importantes.
Esas palabras viven en mí y en todas, palabras de madre, de amiga,  de hermana, de abuela, de vecina, de maestras, palabras que nos construyen, que nos sostienen. Benditas palabras.
 

Y si fuera…posible

Siempre me ha gustado filosofar, inventar, soñar…una parte de mí me decía que esto servía para poco, pero otra parte de mí se sentía bien, alimentada, escuchada, satisfecha. Con el tiempo, voy viendo que soñar, filosofar, inventar sirve para mucho. Por ejemplo, si me levanto cada mañana y hago las cosas sin pensar, sin ver, sin mirar..se me va la vida y no me entero. Pero si me levanto y escucho a la que ha soñado y a la que quiere ver en el mundo lo que ella sueña, las cosas que sueño se ponen en marcha y van viniendo hacia mí.

Este verano escuché a un autor llamado Charles Eisenstein, al que recomiendo que escuchéis,  habla de la economía del regalo o economía sagrada y planteaba una pregunta deliciosa: ¿ si todo lo básico estuviera cubierto a qué te dedicarías? Es una pregunta fantástica que nos acerca a descubrir quienes somos y qué es lo que tenemos para ofrecerle al mundo. ¿Os imagináis un mundo en el que todo el mundo se dedicara a lo que le hace feliz? Yo sí.  y sólo podemos empezar a crearlo de una en una. Cada vez conozco a más personas que dejan lo que estaban haciendo para dedicarse a hacer lo que les hace bien, lo que les hace sentir vivos y que es precisamente aquello que siempre han amado, aquello que se les da bien naturalmente. A veces quisiéramos un mapa, saber cómo será y a dónde nos llevará el camino. Pero este sólo se muestra cuando vamos dando pasos.  Pasos  o saltitos que nos acerquen a una vida más gozosa.

Tal vez lo único que necesitamos es nuestro propio permiso.

Deseo de los bosques

Cada verano se cumple mi deseo de volver a los bosques, como quien vuelve a casa, como quien por fin puede volver a respirar el amor elemental en forma de luz y de tierra, de flores raras, de musgo que cubre como un tierno manto los troncos, de helechos que me devuelven al origen, a la belleza salvaje que no necesita más adorno ni explicación.

El verde me acoge, me habla, me acaricia la piel y el alma. Los altos troncos, el mar de hojas frescas, cada pequeño insecto o rana… Todo forma parte de un sistema que respira a un tiempo, que trabaja en una armonía asombrosa de la que me honra formar parte. Porque una vez que pones un pie en el bosque, eres bosque, el bosque te reconoce aunque tú no sepas el nombre de sus árboles, plantas o aves, reconoce el sonido de tus pasos y sostiene tu cuerpo con el mismo amor de una madre. Por tus pies sube la savia compartida desde el subsuelo y va pintando tus piernas, tu vientre y tu corazón de verde esmeralda hasta iluminar tu mirada en una nueva forma de saber o saborear el mundo.

Cada paso deja una huella que el bosque guarda como recuerdo de tu visita manteniendo para siempre en su corazón  tus andanzas. Y el verde, que ha brotado en tu interior, guarda para siempre el deseo de volver.

Casa

Se acaba el verano y volvemos a casa. Hemos habitado en otras, de familiares, de amigos, parcelas de camping… Al volver me doy cuenta de que mi casa es algo más que un lugar.  Después de vivir en muchos lugares sé reconocer el sentimiento de estar en casa en cualquier parte. Adoro las casas y como cada cual las organiza, las mima, las habita.  Cualquier espacio puede ser un nido, una madriguera, un rincón en el mundo en el que sentirse acogido y en la paz de ser quien se es, donde poder dejar las máscaras, las expectativas, el estado de alerta y relajarse al fin, un lugar a salvo, un lugar feliz. ¿No es eso lo que todos queremos?. Pero no es algo que se pueda conseguir colgando un cartelito que diga “Home sweet home” ni un felpudo que diga “bienvenido a casa”.  Como las tortugas, llevamos la casa o el sentir de lo que es casa con nosotros. Cuando era pequeña y jugábamos al pilla-pilla había ciertos lugares  que eran “casa” y con decirlo en voz alta bastaba, ya estábamos a salvo, eramos intocables. En la infancia sabemos a ciencia cierta del poder de las palabras y de la imaginación.

Si me paro a pensar siento mi casa en muchos lugares, en personas, sitios, actividades, momentos, que se caracterizan por ser fuente de bienestar y confianza, seguridad y consuelo, alimento y descanso. Los bosques, el mar, las amigas del alma, el otoño, las bibliotecas, un gato en una ventana…  ¡Cuánto se agradecen! La verdad es que invertimos demasiada vida en pagar una casa, un local, un vehículo, algo que sea nuestro, algo que podamos llamar casa, cuando tal vez no hayamos aprendido a sentirnos en casa en nuestro cuerpo, en nuestra familia, con nuestras relaciones o con nosotros mismos. Podemos desarrollar antenas para saber donde estamos en casa, sólo se trata de prestar atención.

Dicen que el hogar se encuentra en el corazón. Siempre hay que empezar desde dentro.

¡Feliz vuelta a casa!

Siete vacas azules o fly me to the moon

Todo empezó con la petición de mis hijos de un cuento para dormir, siguió con el trabajo de ponerlo en el mundo en palabras y gracias a Pablo Ferrer en imágenes. Hicimos una campaña de crowdfunding y hoy las siete vacas azules están repartiéndose por el mundo y llevando la ilusión al corazón de niñ@s de todas las edades. Los sueños se cumplen, si trabajamos en ellos.

La experiencia de autoeditar un cuento me está enseñando muchísimas cosas. Como en la historia de las siete vacas azules he descubierto que si quieres algo tienes que ir a por ello, sin mirar las dificultades, que siempre las hay, sino el objetivo, que te anima a seguir. También he descubierto que nunca estamos solos,  tal vez por eso en el cuento son siete. Siempre necesitamos colaboradores, amigos, maestras, personas que aparecen de la nada para darte un empujón ilusionándose contigo o ayudándote a hacer lo que tú no sabes o aportándote la información que necesitas… Y por fin que lo que tanto añoramos a veces no está tan lejos como creemos sino que siempre ha estado ahí esperando a que nosotras demos el paso.

En este video podéis ver qué bonito nos ha quedado:

https://www.instagram.com/p/Bj91bk5jVzq/?taken-by=pablonake

Escribirse hacia dentro

Hay muchas formas de escribir. Muchos métodos. Muchos lugares o momentos para la escritura.  Los jueves por la mañana están marcados en mi calendario. Tiempo para escribir y florecer. Hoy hemos practicado la escritura propioceptiva  en una cafetería de mi pueblo. Escritura propioqué?  Se trata de un método creado en los 70 por Linda T. Metcalf y que consiste en escuchar nuestros pensamientos, escucharlos con mucho respeto y aceptación y darles espacio en el papel. La transformación comienza en la escucha, una escucha atenta, curiosa, paciente y que no juzga. Así es que escribimos lo que escuchamos por dentro. Después escuchamos lo que vamos escribiendo y nos hacemos algunas preguntas que nos hacen ir más lejos, detenernos en el momento necesario. Por ejemplo si algo que escribimos nos llama la atención. Nos preguntamos a nosotras mismas, ¿qué quiero decir con amor,  qué entiendo por elección, o  a qué me refiero con abismo? Las palabras están cargadas de significados propios…

A este tipo de escritura nos puede llevar un deseo de encontrarnos con nosotras mismas porque extrañamente nos perdemos tanto de quienes somos, hacia dónde vamos, qué queremos, en el día a día. Se trata de recibir una información que proviene de ti misma, poder expresar tus pensamientos y tus deseos libremente. No se trata sólo de escribir pero evidentemente si eres escritora te viene de perlas acceder a tus pensamientos primero para reconocerlos y luego para trasformarlos, cosa que ocurrirá de por sí.

La práctica de este tipo de escritura dedicándole unos 20 minutos al menos al día puede ser un comienzo de  acercamiento a nuestro camino natural en la vida, como un camino hacia una misma, una puerta a través de la cual colarte en tu interior para conocerte y reconocerte.  Tener una relación armónica con nuestros pensamientos nos lleva a la libertad. Es una forma de meditación que nos hace encontrar claridad en la expresión de lo que somos.

Que no os asuste el  nombre es una experiencia preciosa.

 

Trabajo

1 de mayo. ¿Quién quiere trabajar? Pero no en una empresa o por cuenta propia, sino para florecer a lo que somos, a lo que está en nuestra semilla y no estamos alimentando. A la luz de como están las cosas en nuestro país y en el mundo aún queda mucho trabajo, trabajo interior para que brille fuera, y es un trabajo silencioso, esforzado pero que trae una recompensa mayor que todo el oro del mundo.

La oscuridad es ignorante y trabaja mirándose siempre el ombligo, la luz trabaja de dentro hacia fuera para que se conozca la verdad y se contagien de amor los corazones dormidos y siempre gana, aunque sus victorias no siempre aparezcan en las noticias. La solidaridad, el amor, el corazón que late compasivo suena siempre más alto que las absurdas sentencias, los mensajes de la inmovilidad y el miedo. A esta primavera no hay quien la pare, ¿acaso la tierra deja de dar flores porque algunos se empeñen en herir y herirse? Jamás. Nos queda trabajo. Pero es hermoso.

Todo es posible

El arte de soñar no está demasiado valorado. Aunque está en alza. Porque está demostrado que todo lo que ocurre es porque alguien antes lo ha soñado. Así que porqué no soñar cada día, porque no dedicarnos a llamar a aquello que deseamos. Por ejemplo nuestras vaquitas azules soñaban con alcanzar la luna y las estrellas. Si hubieran preguntado las otras vacas les hubieran dicho que estaban locas, que eso no era cosa de vacas, que se dedicaran a comer hierba y a descansar sobre el prado. Pero nuestras vacas fueron más listas, desearon y se lanzaron. Y eso es lo que mueve el mundo. No el análisis, las consideraciones, la opinión de los demás, los posibles e imposibles, el espacio y el tiempo.  ¡Qué aburrimiento!

Soñar y atreverse, exponerse, arriesgarse…Y soñar.

Ya puedes colaborar y compartir nuestra campaña de crowdfunding para hacer realidad el sueño de las Siete vacas azules. Un álbum ilustrado en edición bilingüe castellano/inglés que ha sido soñado por Ana Aguilera y Pablo Ferrer y será realidad gracias a la colaboración de muchos.

https://www.verkami.com/projects/20116-siete-vacas-azules

 

Siete vacas azules

Si hay algo que amo en la vida y que me parece el mejor de los regalos, es una buena historia. Por eso cada noche le cuento una a mis hijos. Una de estas noches se me presentaron siete vacas azules dispuestas a todo. Yo sabía que eran valientes, que no le tenían miedo a nada, que eran determinadas y únicas y que no iban a quedarse mirando. Así es que me dejé llevar por ellas que iban corriendo como locas hacia las estrellas y la luna. Y fue un viaje precioso. Y después corrí yo a poner sobre el papel aquellas palabras y a guardar la memoria de aquella aventura surgida de quién sabe dónde.

Al tiempo apareció un ilustrador en busca de cuentos que también se enamoró de estas siete vacas azules. Y les puso cuerpo y las puso en el mundo. Y ahora ya están listas, para correr, para darlo todo y para enseñarnos que donde hay un sueño hay un camino.

Visita nuestra campaña de crowdfunding

http://vkm.is/7vacasazules