Escritos, Reportaje
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Una taza de té: un viaje al encuentro de una misma

“Cada taza de té representa un viaje imaginario” Catherine Douzhell.

Foto: Argider Aparicio. http://www.argiderphoto.com/

¿Qué buscamos en una taza de té? Las respuestas pueden ser tan variadas como las motivaciones de los innumerables amantes del té repartidos por el mundo: consuelo, energía, concentración, relajación, alivio, placer para los sentidos…A solas o en compañía, el momento del té es siempre especial; un tiempo que se detiene. Como dijo Tien Yiheng, “bebemos té para olvidar el ruido del mundo”. Y aunque el té es bien-bebido todo el año, nada hay tan reconfortante como abrazar una taza humeante de té en invierno.

Se trata de una de las bebidas saludables más populares que existen. Podríamos  viajar, en nuestro barquito de papel, por todo el mundo tomando té y escuchando miles de historias acerca de él. Porque el té ha formado y forma parte de la historia, la cultura y el modo de vida de numerosos y distantes pueblos. Y es que hablamos de un rito secular que nos sirve para elevar la espiritualidad, fomentar las relaciones humanas y desarrollar la apreciación por la naturaleza. Una bebida divina, que refresca cuando hace calor, calienta cuando hace frío, te anima si estás cansado y te calma si estás nervioso. ¿Alguien da más?

La leyenda

Cuando uno se empieza a preguntar qué es y de dónde viene lo que hay dentro del bote o las bolsitas de té se le abre un mundo fascinante. Sí hay algo que tiene el té es historia, ya que se trata de la bebida más antigua elaborada por el hombre. Vámonos a China. Cuenta la leyenda que el emperador chino Shen Nung era un hombre sabio que insistía en que el agua potable debía estar hervida por motivos de salud e higiene. Un lejano día del año 2.737 A.C. el emperador y su corte se reclinaron bajo un árbol solitario (hoy conocido como Camellia Sinensis) y se pusieron a hervir agua. El calor del fuego secó las hojas y el viento hizo que algunas de ellas cayeran en el cazo de agua hirviendo. El emperador sintió un aroma exquisito y un gran deseo de probar aquel brebaje. En el momento en que lo hizo comenzó la historia del té. Cuando el emperador probó esta bebida se sintió muy reconfortado y de sus labios se escapó la palabra “T’sa” (divino) que dio origen al nombre del té.

Las Rutas del Té

De China pasó al Japón a través de los monjes que estudiaban budismo en China y pronto se convirtió en indispensable para ellos ya que lo usaban para mantenerse despiertos y meditar. El budismo zen desarrolló la famosa Ceremonia Japonesa del Té que transforma el acto de tomar té en una experiencia espiritual de harmonía, respeto, pureza y tranquilidad. En la actualidad hay mucho interés por conocer este ritual pero su realización no es un hobby cualquiera ya que se trata de un arte coreográfico que requiere muchos años de estudio para llegar a la maestría. Se trata de una ceremonia que nos ofrece, más allá del té, una experiencia de belleza basada en la simplicidad, el refinamiento y la oportunidad única que nos brinda cada momento, dado que todo está en un cambio continuo.

Hacia Rusia, otro de los grandes consumidores, también viajó el té, pero en caravanas llevadas por camellos. El té, llamado en principio “hierba china”, fue en seguida del gusto de los rusos, que lo tomaban fuerte, con leche, azúcar y limón. Durante el siglo dieciocho caravanas de 200 a 300 camellos avanzaban hacia la frontera, cargados con pieles que se cambiaban por té. Entre el cultivador chino y el consumidor ruso pasaban de 16 a 18 meses. En aquel tiempo, los rusos se bebían en un año el té cargado por 6.000 camellos. Se decía que el té ganaba propiedades en estas expediciones ya que tomaba el sabor ahumado de las hogueras de los campamentos. Las caravanas existieron hasta la puesta en marcha del ferrocarril transiberiano en 1903, lo que permitió que los tés de China llegasen a Rusia en tan sólo una semana. De esta experiencia ha quedado el nombre de la mezcla de tés llamada Russian Caravan.

A Europa trajeron el té los holandeses y los portugueses, no sabemos a ciencia cierta quien primero. El té se hizo popular en Holanda y era reexportado a Alemania, Italia, Francia y Portugal. Pero sin duda, nuestra imagen más recurrente es la del té  inglés de las cinco de la tarde. Pero ¿cómo llegó el té hasta Inglaterra? Pues por extraño que nos parezca, a través de una princesa portuguesa: Catalina de Braganza, que en el siglo diecisiete contrajo matrimonio con el rey Carlos II de Inglaterra. La princesa se trajo de Portugal en su ajuar, como un tesoro, una caja de té de China. Catalina, reina consorte de Inglaterra, Escocia e Irlanda, y en principio no muy bienvenida como católica, puso en seguida de moda la bebida entre la realeza y pasó a la historia como la introductora del té en Reino Unido.

La India es por supuesto otra de las paradas en este viaje por el mundo del té. Y aquí también encontramos una leyenda sobre su origen. Cuentan que el Príncipe Siddhartha Gautama, el fundador del Budismo, se arrancó los párpados por la frustración de no poder permanecer despierto durante la meditación mientras viajaba por China, y que en el lugar donde cayeron sus párpados nació una planta de té, brindándole así ese cultivo la habilidad de permanecer despierto, meditar y alcanzar el entendimiento. Es una bonita historia, pero parece ser que en realidad fueron las guerras del opio con China las que hicieron que Inglaterra, gran consumidora de té, se planteara otras zonas para su cultivo. El norte de la India resultó ideal por clima y altitud y curiosamente encontraron árboles autóctonos en el alto Assam. La compañía de Assam se estableció en 1840 y pronto se expandió a Darjeeling y otras regiones del norte de la India. Unas décadas más tarde, Ceilán se convertiría en una de las principales áreas británicas productoras de té, después de que se arruinase el cultivo de café y los plantadores considerasen el té como la mejor alternativa.

Amar (el) té

En mi infancia, eso de “tomar el té” era algo muy literario o cinematográfico, sin duda lejano, porque a mi alrededor lo que se tomaba era café y si acaso una infusión con la connotación de estar resfriada, nerviosa o empachada. Ante esta situación, que te gustara el “agua caliente” era bastante extraño. Pero todo llega para la que sabe esperar  y si España se resistió a los encantos del té en favor del café y el chocolate, en los últimos tiempos el consumo de té no ha parado de crecer y ya no es nada raro que en cualquier cafetería te presenten una buena variedad de tés. Y no ha crecido sólo el consumo, sino que también el interés por el té se ha vuelto un movimiento auténtico y apasionado. El té es el nuevo vino, hay somelliers de té que organizan catas de esta bebida y se imparten los más variados cursos sobre los distintos tés y sus ceremonias e implicaciones culturales. Así mismo, cada vez encontramos más tiendas de té o más tés en las tiendas, y así los amantes del té podemos disfrutar de marcas de té que son conscientes de que ofrecen un producto que es algo más que una bebida, por eso cuidan mucho, la calidad, las mezclas, la imagen y los mensajes de bienestar que ofrecen junto a sus tés.

Como el chiste que dice que los de Bilbao nacen donde les da la gana, una amante del té también puede nacer en cualquier parte. (También tengo una amiga inglesa a la que no le gusta el té…el mundo es extraño…) Mi primer contacto con el té de verdad (no más agua caliente) fue en Granada, en las teterías árabes. Está bien, era un sucedáneo, no estaba en Marruecos, ni en una jaima en el desierto, pero el tintinear de las bandejitas, las teteras, los vasitos de cristal de colores y el sentarse en cojines por el suelo, el respirar el aroma dulzón y escuchar la canción del té al caer en los vasitos me condujo a un estado de sencilla felicidad que me llevó a seguir probando y disfrutando de esas mezclas de tés con nombres tan sugerentes como “sueños de la alhambra” o “mil y una noches”. Fue así como descubrí dos cosas: que el té, mejor por el día, (me costó bastante dormir aquella noche) y que definitivamente adoraba el mundo del té.

Después me fui a Irlanda donde te ofrecían una taza de té cada cinco minutos. Esto no era tan ceremonioso como el té árabe, pero realmente acogedor y reconfortante. Recuerdo que tomar té con mi familia irlandesa hizo que me sintiera acogida y bienvenida en su hogar. Todo era nuevo para mí: el hervidor de agua, las cajas enormes de bolsitas de té negro y su olor, los tetra-bricks de leche pequeñitos (porque están hechos para añadirle “una nube de leche” al té) el tomar té a cualquier hora con “something nice” (algo rico)… En un país donde el sol brilla por su ausencia y el viento y la lluvia te azotan a diario, el té es realmente una bendición y un salvavidas. En cuanto entras a la casa de alguien te están ofreciendo un té, como hospitalidad y como invitación a conversar. Con una taza de té caliente entre las manos se recuperan el cuerpo y el alma y los ojos se encuentran, las palabras fluyen, y una se integra rápidamente…Se toma té en el trabajo y los lugares de estudio y se encuentran tazas de té a medio beber por todas partes, porque el té hay que tomarlo caliente.  La gente llega a identificarse por el tipo de té que toma, la marca o la forma de tomarlo: en un tazón o una tacita, si lo toma con leche o azúcar o sólo… Sí, Irlanda es el país que más té por cápita consume, 2,71 kilos, como unas 1.200 tazas al año. No me extraña. Lo he vivido. Un Irish Breakfast Tea (un té fuerte) para acompañar el fuerte desayuno y a partir de ahí todos los que te apetezcan y te ofrezcan. Pero el té como la Guinness, estaba más bueno allí así que tuve que adaptar mi consumo de té cuando volví a España.

Cuéntamelo con un té

Como dice Francis Amalfi en su libro  El Arte del Té: “Desde sus orígenes el té ha sido una invitación a fortalecer las relaciones y rituales de cada sociedad y se ha convertido en la excusa perfecta para que la gente se reúna a conversar”. Y conversando y bebiendo té descubrimos muchas historias vitales como las de esas abuelas que leen el futuro en las hojas del té, esas teteras o tacitas que pasan de generación en generación, esa taza de té que tomamos con alguien justo cuando lo necesitábamos…Mis amigos viajeros me han contado sobre largas colas separadas para hombres y mujeres para comprar té en la India, sobre chinos que caminan con un tarro con hojas de té que van rellenando de agua caliente a lo largo del día, americanos que piden té helado en Irlanda o Inglaterra y reciben extrañas reacciones por parte de los camareros..

También me han hablado del té de los saharauis. En la cultura saharaui el ceremonial del té es algo de lo que el pueblo se siente muy orgulloso. Se trata de un símbolo de bienvenida, de acogida, de solidaridad y de amistad, que los caracteriza como hombres y mujeres del desierto. Toman té verde con azúcar y lo lanzan en cascada desde la tetera a los vasitos para producir una espuma que es el adorno del té. Se toma a diario o en ocasiones más especiales pero siempre en tres rondas y ellos lo explican de este modo: “el primer té es amargo como la vida, el segundo es dulce como el amor y el tercero, suave como la muerte.” Y si la conversación no ha terminado cuando terminan estos tres tés, se comienza de nuevo el ritual.

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(Ilustración: Lyndy Longhurst)

El maravilloso mundo del té

Cuando pienso en el imaginario del té la primera imagen que se me viene a la cabeza es la que le ocurre a Alicia cuando se mete en el País de las Maravillas y el Sombrerero Loco le dice: ¡Querida, siempre es la hora del té!. Cómo olvidar esa escena en la que Alicia encuentra a la Liebre de Marzo y al Sombrerero Loco en una mesa puesta para el té y comienzan una loca conversación en la que las cosas tomadas literalmente se vuelven geniales, como el hecho de que realmente es siempre la hora del té porque el sombrerero loco se ha peleado con el Tiempo y ya no le hace caso y son siempre las seis de la tarde.

Como sabemos, Gran Bretaña ha sido uno de los principales responsables de la fama mundial del té con todo un ceremonial para su servicio. Creo que al ser el té un momento de refinamiento y códigos establecidos resultaba liberador inventar escenas locas en torno a él e introducir algo de desorden y anarquía en ellas como en la escena de Mary Poppins en la que toman el té flotando en el techo con el tío Albert ya que el hombre se eleva cada vez que tiene un ataque de risa. Mary Poppins intenta mantener las formas, ya que si es la hora del té hay que tomar el té y sube a regañadientes para que el té se sirva correcta y educadamente. Otra escena surrealista es la de Mr. Bean haciendo picnic en un banco y haciéndose un té en una bolsa de agua caliente. ¡Sacrilegio!

El acto de hacer, servir y disfrutar del té también está muy presente en las novelas de Jane Austen y las películas basadas en ellas, pero ahí sí, todo muy inglés y civilizado. Lo que forma parte de la vida, forma parte del arte y se refleja en él y así sucede también con el té que ha inspirado a escritores como James Joyce, Tolstoi o el maestro de los haikús japoneses, Kobayashi Issa, que decidió darse a sí mismo el nombre del poeta “de la taza de té” para simbolizar la manera en que encontraba la belleza en las cosas cotidianas.

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“No puedes comprar la felicidad, pero puedes comprar té y eso es prácticamente lo mismo”

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Otro género, más mundano, que recomiendo es el de los videos de anuncios de té, es divertido y nos da una imagen de lo que significa en cada cultura este ritual. En ellos se reflejan los secretos familiares que pueden surgir tomando una taza de té, la necesidad de ir al encuentro de una misma (como en los preciosos anuncios animados de Twinings “Gets You Back To You”) el hablar por hablar mientras se toma té… y me fascinan por otra parte los carteles retro de anuncios de té, que no tienen desperdicio. En uno de ellos se ven dos escenas, en la primera el marido confiesa haber estado a punto de divorciarse porque la mujer no hace buen té, en la segunda todo está arreglado porque la mujer ha cambiado de marca y la relación se ha salvado. Os animo a viajar en barquito de papel por este mundo del té mientras le dais sorbitos a una taza de vuestro té preferido. Pero cuidado, hay que prepararlo bien, darle su atención y su tiempo.  Usar buen agua (mejor filtrada) hervirla y calentar con ella la taza o la tetera, volver a hervir el agua y echarla sobre un buen té, dejar reposar su tiempo, servirlo conscientemente y saborear y disfrutar. Al fin y al cabo, “la vida es como el té, todo está en cómo lo haces.”

Un último consejo:

“Toma tu té despacio y con respeto, como si fuera el eje alrededor del cual gira el mundo, lentamente, regularmente, sin apurarse hacia el futuro.” Thich Nat Hahn ( maestro Zen)

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Otra forma de disfrutar el té:

Buceando en la web he encontrado esta fantástica sugerencia: ¿por qué no reciclar las hojas usadas de té y darnos de nuevo un gusto saludable? La idea es que el té también tiene efectos beneficiosos para nuestra piel y podemos darle una segunda vida. Podemos usar las bolsitas de té usadas para calmar los ojos en caliente y para bajar las bolsas u ojeras en frío. Pero además podemos gozar de un baño relajante y cuidar nuestra piel. Para ello sólo necesitamos una bañera con agua calentita y bolsitas de algodón que podemos hacer nosotras mismas donde colocaremos las hojas usadas de los tés que hayamos ido tomando en los últimos días. El Té verde y el Té blanco serían los mejores para nuestra piel, pero si queremos relajarnos o aromatizarnos podemos añadir otras hierbas o flores de nuestro gusto. También podemos poner unas velitas y bordar el momento.

Así que ya sabéis, no tiréis las hojas usadas, dejadlas en un platito para que sequen y luego las guardáis en una cajita que cierre bien para su mejor conservación en lugar fresco y seco. Y le podemos dar aún una tercera vida ya que el té usado sirve además de abono para las plantas.

Fuente: http://www.iloveteacompany.com

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“La hora del té es un balneario para el alma. Dejas atrás tus preocupaciones y tu trabajo. La gente ocupada se olvida de sus ocupaciones. Tu stress se disuelve, tus sentidos se despiertan …” Alexandra Stoddard.

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“El Té es satisfacción. Bebiendo té puedo contemplar el antiguo secreto de la felicidad: desear lo que ya tengo, vivir una vida que ya es mía.”Anónimo

“La amistad y el amor no se piden como el agua, se ofrecen como el té” Refrán Chino.

“La afición al té refleja aquella concepción Zen según la cual la grandeza se encuentra en los pequeños incidentes de la vida.” Kakuzo Okakura.

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Tipos de Té y sus Beneficios:

La planta del té es siempre la misma (Camellia Sinensis) lo que determina la variedad del té es el proceso que sufren las hojas desde su cosecha hasta su elaboración. Eso las convertirá en Té Blanco, Té Negro, Té Verde, Té Rojo o Té Azul.

Té Negro: Un proceso de oxidación y fermentación largo le dan el color oscuro. Tiene un alto contenido en taninos y teína siendo el té más estimulante. Es el té más bebido y el más conocido es el de Ceylán. Se usa para mezclas y se suele tomar con leche.

Té Verde: Es el té más antioxidante y el más famoso por sus propiedades saludables, al no haberse oxidado mantiene la mayoría de las catequinas de la planta, que son las que pueden ayudar a prevenir el cáncer. Estos tés son muy populares en Japón.

Té Blanco: Un té más selecto que se prepara de un modo totalmente artesanal utilizando sólo las hojas más tiernas o yemas que están recubiertas por un vello blanco. Se secan al sol y toman un color plateado. Es difícil de conseguir y más caro que el resto y también  el que mayores propiedades anticáncer tiene. Se produce en China y algunas zonas de Sri Lanka.

Té Azul (Oolong): Es un té semifermentado por lo que estaría entre el té negro y el verde y tiene un sabor afrutado. Tiene la propiedad de bajar el nivel de colesterol. Se elabora en China y en Taiwán.

Té Rojo: En realidad es un té verde sometido a un proceso de fermentación posterior en barricas de madera, donde toman ese color más oscuro. Tiene más teína que el verde y puede reducir el colesterol y la presión arterial. También conocido como Pu-Erh, proviene de China.

 

Publicado en Gansos Salvajes magazine

http://gansossalvajes.com/

 

 

 

 

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