Cuento, Escritos
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La hormiga caminaba por el bosque una fría mañana.

Traducción-adaptación de un cuento de Toon Tellegen publicado bajo el seudónimo de Ananda Boom en el tercer número de la revista Gansos Salvajes. La preciosa ilustración es de Susana Vegas Mendía.

La hormiga caminaba por el bosque una fría mañana. Andaba con dificultad pues le pesaba muchísimo la cabeza. Así, no había forma de caminar. Tenía que sostenerse la cabeza con una pata delantera y era muy penoso. Decidió pararse a descansar debajo del sauce. Se sentó en una piedra, se agarró la cabeza con ambas manos y suspiró.¡Uff! ¡Qué pesada!

Ya sé por qué me pasa esto, se dijo. Es porque lo sé todo. Y eso pesa muchísimo.

Era un día sombrío de invierno. De vez en cuando nevaba un poco. Nubes negras se paseaban por el cielo y los árboles crujían y se removían con el viento.

Está bien que lo sepa todo, pensó la hormiga. Porque si aún tuviera que saber más cosas, entonces sí que ya no podría levantar más mi cabeza.

Con cierto esfuerzo sacudió la cabeza y vio ante sí en sus pensamientos la imagen de su cabeza hundiéndose entre sus patas y cayendo de golpe al suelo. Eso sería el fin.

Claro, esto me pasa- pensó- porque pienso tanto, tantísimo. Pienso sobre todo. Sobre la miel, sobre el polvo, sobre el océano, sobre la sospecha, sobre las gotas de lluvia, sobre regaliz y así podría seguir…Y todo eso está ahora en mi cabeza.

Sus codos se iban cansando y lentamente se fue resbalando de la piedra. Finalmente acabó tumbada sobre la tripa y con la barbilla en el suelo. Su cabeza se había vuelto aún más pesada.

Debe ser que ahora sé algo que hace un momento no sabía, pensó. Pero espero saber ahora todo de verdad. Eso espero.

Notó que ya no podía sacudir la cabeza ni asentir. ¿Podré sonreír?, se preguntó. Probó a sonreír y sintió aparecer en sus labios una sonrisa falsa. Pero bostezar ya no podía, ni fruncir el ceño, ni sacar la lengua.

Y así estaba la hormiga en medio del bosque en un sombrío día de invierno.

Como lo sabía todo, sabía también  que la ardilla pasaría por allí por casualidad esa tarde.

‘¡Hormiga!’ dijo la ardilla sorprendida cuando la vio allí tendida.

‘¿Qué haces ahí?’

‘No puedo mover la cabeza’

‘¿Por qué no?’-preguntó la ardilla.

‘Sé demasiado’, dijo la hormiga. Su voz sonaba seria y preocupada.

‘¿Sobre qué sabes demasiado?’

‘Lo sé todo’ dijo la hormiga.

La ardilla la miró con grandes ojos. Ella también sabía bastante, pensaba. Pero tenía la sospecha de que era mucho más lo que no sabía que lo que sí sabía. Por eso es mi cabeza tan ligera, pensó y la movió sin esfuerzo de un lado al otro.

‘¿Y ahora qué vas a hacer?’ preguntó.

Me temo, dijo la hormiga, que tendré que olvidar algo.

A la ardilla también le pareció lo mejor. Pero, ¿Qué tendría que olvidar la hormiga? ¿El sol? ¿El sabor de la tarta de miel? ¿El cumpleaños de la ballena? ¿Su chaqueta de invierno? La hormiga ya estaba probando a olvidar todas esas cosas, pero no notaba una gran diferencia. ‘Igual tienes que olvidarme a mí’ dijo la ardilla finalmente, con mucho cuidado.

‘¿A ti?’ dijo la hormiga.

¿Se puede?, ¿no?

La hormiga asintió. Cerró los ojos. Y de repente, voló hacia arriba, como si fuese una plumita en medio de una tormenta.

La ardilla se echó hacia atrás. La hormiga se perdía casi de vista, por encima de los árboles. Y entonces cayó de nuevo al suelo.

‘¡Te había olvidado de verdad, ardilla!’ dijo, mientras con cara de dolor se frotaba la cabeza. ‘Pero de pronto pensé de nuevo en ti.’

La ardilla miró hacia el suelo y dijo: ‘Era sólo una sugerencia’.

‘Ya’, dijo la hormiga y se sentó en el suelo. Pero por el golpe había olvidado que lo sabía todo. Y para su sorpresa se levantó de inmediato. Algo más tarde caminaban juntas por el bosque. Y caminaron así en silencio un buen rato…”

Ploff! La cabeza de Ananda cae sobre el libro.  La siente así como la de la hormiga, pesada, pesada…Demasiadas cosas en su cabeza. ¿Qué  tendrá que olvidar antes de irse a dormir?…

Zzzzzzz…

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