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Danzar la vida

El ser humano quiere danzar. Puede que no se atreva o que su cabeza piense que no le va a salir bien o que va a hacer el ridículo, pero su cuerpo, esa hermosa parte suya que solo siente, quiere bailar. La vida es una danza y nuestro cuerpo bien lo sabe.

Hoy quiero contaros algo sobre biodanza, un descubrimiento maravilloso que me acompaña desde hace unos años y no puedo guardar sólo para mí. No sé si las palabras me seguirán los pasos. La biodanza cuenta con una hermosa definición: la poética del encuentro humano. Y todos sabemos cuántas cosas pueden darse cuando se da ese milagro cotidiano que es un auténtico encuentro . Para ello debemos primero despojarnos, dejar en la puerta la careta, los papeles… (póngase aquí lo que a cada cual le apriete). La música nos va a ayudar a volver a nuestro centro, a nuestro sentir y a dejar atrás la nube de pensamientos. La presencia del grupo nos sitúa en el mundo y el movimiento espontáneo, instintivo y natural nos recuerda la alegría de expresarnos tal cual somos. Biodanza es un camino que surge mientras se danza y que nunca sabemos a donde nos va a llevar, pero eso sí,  de seguro a otro sitio, porque lleva en sí la fuerza de la transformación. Nunca seremos los mismos al entrar que al salir de una clase de biodanza.

No es fácil hablar de  esta danza, como toda experiencia hay que vivirla, pero os contaré que nace del amor, del deseo de un hombre llamado Rolando Toro, un poeta, psicólogo y antropólogo chileno que de observar el género humano y querer devolverle lo que siempre fue suyo, se decide a experimentar en los años 70 con la música y la danza para humanizar la medicina. Y comienza por los enfermos mentales, cuya situación era terrible, y les organiza un baile en el hospital para ofrecerles la posibilidad de la alegría, la amistad…. Su atrevimiento fue entonces un escándalo, pero en vista de sus buenos resultados, siguió experimentando.

Los resultados de su atrevimiento llegaron a España hace unos 40 años y  cada vez es más fácil encontrar cursos regulares, monográficos y hasta festivales de biodanza a nuestro alrededor.  Se trata de un sistema muy orgánico, acogedor y maternal diría yo, un sistema que nos viene como anillo al dedo en estos tiempos de aislamiento tras las pantallas y añoranza del ser.

Cada sesión comienza con el círculo, en una ronda donde nos encontramos, nos reconocemos y nos recibimos unos a otros. A través de una serie de ejercicios estimulados por la música, se trabajan cinco líneas básicas de expresión del ser: la vitalidad, la sensualidad, la creatividad, la afectividad y la trascendencia. Aquí todo el mundo puede bailar, pero no es una clase de baile. Los ejercicios se convierten en “vivencias” que son experiencias vividas con plena presencia en el aquí y el ahora con todo lo que ellas mueven y  de las que el cuerpo guardará memoria. Lo hermoso es que lo que la música nos produce a nosotros se encuentra con lo que la música les produce a los otros. Los otros se vuelven apoyos y espejos, y los encuentros nos conectan y se vuelven pura poesía porque perdemos la noción del tiempo.  A menudo lo que sucede en estas sesiones adquiere una transcendencia y un misterio que no siempre somos capaces de observar en la vida cotidiana. Y todo acabará con otro círculo, otra ronda en la que volvemos a mirarnos, y a vernos, ahora transformados, y nos despedimos hasta el próximo encuentro.

Pero lo que sucede en esa sala no acaba allí. Ahora que hemos experimentado conexión, amor, soltura, alegría… ( ponga aquí lo que su alma anhele) o nuestras dificultades frente a todo esto, querremos seguir experimentándolo fuera. Porque la vida es una danza.

Como decía todo nace del amor, pero de un amor bien entendido como una fuerza que lo organiza todo, dentro y fuera de nosotros, no algo chiquito, exclusivo y reservado. En alguna de sus últimas entrevistas Rolando Toro desvelaba alegremente que: “despertar la fuerza cósmica del amor: esa es, la voluntad de la biodanza”. Y yo que creía que hacía biodanza para mí…¡y resulta que en realidad formo parte de una amorosa revolución!

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Foto: Eva Cara

1 Comment

  1. Gracias Ana para compartir tu manera de ver la Bio-danza. Amorosa revolucion : como me gusta las palabras ! Y tambien Vanessa y Eva son facilidadores increibles que pueden llevar este actividad a un sitio magico !

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